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Llenando el álbum de candidatos

politikanomada
26 ago 2025
4 min de lectura

Faltan menos de 10 meses para las elecciones en Colombia y elegir candidato se ha convertido en un trabajo imposible. Los colombianos estamos frente a la tediosa tarea de revisar entre más de 70 nombres para poder decidir quién será el próximo inquilino de la Casa de Nariño. A diferencia de otros años, en los que había personalidades políticas con liderazgos fuertes y un número reducido de presidenciables, esta elección cuenta con un extenso catálogo de personajes de los cuales ninguno supera el 15% de la intención de voto. 


Por supuesto, el exagerado número de precandidatos está inflado por una gran cantidad de desconocidos que ni siquiera puntúan 0,1%. Sin embargo, según la última gran encuesta antes de que Gustavo Petro sancionara la ley mordaza, más de 25 candidatos superarían los 100 mil votos. Esto se calcula teniendo en cuenta el potencial electoral nacional y suponiendo que al igual que en 2022 el 58% de la población electoral ejerciera su derecho al voto. Por otro lado, solo Miguel Uribe, que fue vilmente asesinado, hubiera superado por poco los 3 millones de votos. Aunque este ejercicio es especulativo, se basa en supuestos fuertes y no es un método predictivo serio, sí es una muestra de lo atomizado que está el voto en esta carrera electoral. No hay grandes figuras políticas, no hay personajes que aglutinen importantes sectores de la población y no hay candidatos que desde hoy tengan votos suficientes para asegurar pasar a segunda vuelta. ¿Qué hará cada sector del espectro político?



El Centro Democrático


La campaña de la derecha es un completo despelote. Tras la muerte de Miguel Uribe, que era el único candidato viable del Centro Democrático, la derecha quedó acéfala. Los cuatro precandidatos restantes del Centro Democrático tienen una fuerte competencia con figuras de fuera del partido, que quieren ser los abanderados del uribismo y de la derecha. A esto se suma que Miguel Uribe Londoño, padre del asesinado Miguel Uribe Turbay, se convirtió recientemente en el quinto precandidato del partido. El conflicto entre los miembros del partido y los outsiders como Vicky Dávila y Abelardo de la Espriella dificulta aún más el proceso de decantar hasta llegar a un solo candidato. Los primeros consideran que su lealtad y trabajo dentro del partido deben darles prioridad, sin embargo, sus bajas capacidades electorales hacen pensar que la derecha tendrá nuevamente un outsider como candidato final.


El centro amplio


El centro es una colección de candidatos de todo tipo que de a poco se está convirtiendo en una batalla de egos. Acá podríamos diferenciar entre varios grupos: Los políticos de centro, como Fajardo, Claudia López o Galán. Los tecnócratas que han estado en cargos dentro de la administración pública como Alejandro Gaviría, Mauricio Cárdenas o Juan Daniel Oviedo. Varios posibles candidatos de partidos tradicionales como el Liberal, Conservador y el Partido de la U. Los candidatos de centro-derecha, Germán Vargas Lleras, Santiago Botero y Wilson Orejuela. Y los muchos candidatos de las regiones, que suenan por su desempeño como gobernadores o alcaldes.


Si hay algo que falte en el centro es consensos y viabilidad política. Lo más relevante ha sido la pelea entre Sergio Fajardo y Claudia López. Ambos son los más opcionados y saben que compiten por el mismo electorado, sin embargo, tienen el ego y la terquedad suficiente para no querer ir a consulta y por ende dividir los votos de centro. Por su parte, los tecnócratas tienen la maldición del talento negado. Son probablemente los más capaces y hábiles estatistas, pero están condenados a no poder demostrarlo en cargos de elección popular. Los candidatos de los partidos tradicionales tienen la maquinaria detrás, pero a diferencia de otros años es más probable que sus partidos terminen respaldando otras campañas. Los candidatos de las regiones son incapaces de traducir su éxito local a votos a nivel nacional. Y, finalmente, la centro derecha, al coquetear con el uribismo, está vetada en el resto del centro. Como me dijo un hombre sabio, políticamente en el centro la cercanía con Uribe es como el abrazo de un leproso.


El Pacto Histórico


La izquierda, aunque también cuenta con discrepancias políticas y peleas de egos, está mucho más organizada y jerarquizada que cualquier otro sector del espectro político. Las reglas de juego en el Pacto Histórico son claras y, aunque existen fuertes roces entre precandidatos importantes como Gustavo Bolívar y Daniel Quintero, todos se han comprometido a los procesos establecidos por el partido. La consulta interna del Pacto, que será en octubre, determinará cuál será su candidato entre los ocho que están en contienda actualmente. Posteriormente este se presentará en una consulta interpartidista con otros partidos menores, con el objetivo de sacar un único candidato de izquierda. Los más sonados en este proceso son Gustavo Bolívar, Daniel Quintero e Iván Cepeda.


Bolívar es una de las cabezas más visibles del partido, pero sus últimos desacuerdos con el presidente le pueden costar mucho en su carrera electoral. Daniel Quintero es el recién llegado. Muchos dentro del partido y de la izquierda en general ven con malos ojos su incorporación a la consulta, pero el apoyo que le ha demostrado Petro podría darle una ligera ventaja. Finalmente está Iván Cepeda, quien está de moda últimamente debido a su juicio contra Álvaro Uribe. Sin embargo, a pesar de su generalizada favorabilidad entre sus copartidarios, es un candidato poco viable fuera de los círculos de izquierda. 


En conclusión, solo después de las consultas previas a primera vuelta se podrá definir alianzas, decantar candidatos y determinar quienes lucharán por ser el sucesor de Gustavo Petro. La derecha está confundida y sin líderes naturales después de la muerte de Miguel Uribe. El centro está lleno de candidatos menores que priorizan sus egos antes de buscar unidad y la izquierda, aunque más ordenada, tiene una fuerte pelea interna sobre la figura de Daniel Quintero. La carrera presidencial de 2026 se perfila como una de las más fragmentadas en la historia de Colombia y la gran cantidad de candidatos sin bases sólidas augura incertidumbre en el futuro electoral. 

 
 
 

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