Desobediencia Civil
Ivan Cepeda no reconoció los resultados de las elecciones el día del preconteo, luego tuvo que hacerlo a regañadientes cuando salió el escrutinio y ahora cuestiona la legitimidad y legalidad del resultado y llama a la desobediencia civil. El drama de las elecciones lastimosamente no terminó con los resultados finales. El ex candidato Cepeda dijo en entrevista con María Jimena Duzán: “Ese señor no nos representa. No es nuestro presidente. Nos negamos a obedecer sus órdenes”, frase con la cual se extiende la polémica sobre el reconocimiento del nuevo gobierno. ¿Qué es la desobediencia civil? ¿Por qué Cepeda tilda de ilegítimo al presidente? ¿Tiene sentido lo que plantea Iván Cepeda?

Al igual que con muchos otros temas, Cepeda es ambiguo cuando se le pregunta qué implica su desobediencia civil. Es difícil que el senador electo especifique qué significan en la práctica los conceptos etéreos que utiliza. Al igual que con el famoso “gran acuerdo nacional”, eufemismo que utilizaba para el proyecto constituyente que impulsaban algunos sectores de izquierda, Cepeda no ha sido capaz de explicar qué conlleva la desobediencia civil que propone.
¿Significa que no pagará impuestos ya que no reconoce al gobierno? ¿Acaso impulsará protestas todos los días hasta que acabe el mandato de Abelardo? ¿No parará cuando los semáforos estén en rojo? Parece que ni el mismo Cepeda sabe cuáles son las implicaciones reales de su desobediencia civil. Pero lo que sí ha dejado claro es que, si Abelardo no cumple las condiciones que él considera necesarias, no lo reconocerá como presidente.
Cepeda argumenta que la nacionalidad estadounidense de Abelardo De La Espriella sería un impedimento para que este sea presidente y hace un llamado a sus votantes para que no obedezcan las órdenes del presidente electo. Y aunque la doble nacionalidad sí puede ser motivo de preocupaciones, en ninguna circunstancia justifica la llamada de Cepeda a la desobediencia civil.
La Constitución y la Corte Constitucional son las únicas que pueden establecer las condiciones para ser presidente y la doble nacionalidad de Abelardo no es impedimento alguno. En las democracias los perdedores no pueden idear requisitos e imponerlos a los ganadores para que estos sean gobernantes legítimos. La legitimidad proviene de las mayorías populares y de la fortaleza de las instituciones, no de las condiciones inventadas por el candidato perdedor.
Las acciones de Iván Cepeda son irresponsables y antidemocráticas. Por más que no le guste, Abelardo De La Espriella es su presidente. Parece que el senador electo confunde el hecho de no sentirse representado por Abelardo, con no reconocerlo como presidente. Esto sienta un precedente peligroso, sobre todo en un país tan violento como Colombia.
Cepeda intenta ampliar el significado de los conceptos y refugiarse en discusiones semánticas para evitar definiciones precisas. Pero en el mundo real su discurso y sus palabras son un riesgo para la democracia colombiana y generan pánico en todos los que no votaron por él y en muchos de los que sí votaron por él.



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