El presidente que no quiere ser presidente
El golpe blando del que Petro tanto hablaba llegó finalmente, pero curiosamente fue perpetrado por alguien de su propio partido. En la mañana de este miércoles, a solo 11 días de la segunda vuelta electoral, la presidenta de la Comisión de Acusaciones solicitó suspender provisionalmente al presidente Gustavo Petro por participación en política. Lo sorprendente no fue la decisión de la representante Gloria Arizabaleta, ya que Petro ha participado descaradamente en política desde que se conocieron los resultados de primera vuelta, sino que ella sea miembro del partido del presidente, el Pacto Histórico.

La medida tendría como objetivo sancionar al mandatario y suspenderlo hasta el 21 de junio, día en el que se celebra la segunda vuelta electoral. Sin embargo, más allá de un castigo, la suspensión llega como un bálsamo para Gustavo Petro y para la convaleciente campaña de Iván Cepeda. Si fuera ratificada, la decisión permitiría al presidente participar abiertamente en política y le entregaría en bandeja de plata un discurso victimista sobre cómo el establecimiento lo persigue.
Resulta llamativo que la determinación llegara unos días después de que el mismo presidente amenazara con renunciar a su cargo, para ponerse al frente de la campaña de Cepeda. Al mismo tiempo, es sospechoso que la representante Arizabaleta sea miembro del partido de gobierno. No debería sorprendernos que Gustavo Petro, quien ha ignorado otros fallos, acate sin miramientos esta suspensión.
Desde que se supo la noticia, inició una gran controversia jurídica y política sobre si Arizabaleta tiene potestad de tomar esta decisión o si es una medida irregular. La Constitución es clara en decir que la competencia de suspender o destituir a un presidente es del Senado, no de la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes. Sin embargo, Arizabaleta justifica la medida citando jurisprudencia de la Corte Constitucional y diversas sentencias de tutela.
La lógica de la representante Arizabaleta, ex esposa del hábil politiquero Roy Barreras, es similar a la que ha tenido el gobierno nacional en muchas ocasiones. Así como Petro dijo en alguna ocasión que si le quitamos la i a ilegal ya no se está cometiendo ningún crimen, la tesis de Arizabaleta es que si el presidente no es presidente se elimina la amenaza de que participe ilegalmente en política.
Con esta medida Gustavo Petro obtiene lo mejor de los dos mundos. Continúa en su cargo, con solo una breve suspensión de 10 días, y puede ponerse al frente de la campaña de su candidato, Iván Cepeda. Lo absurdo de la situación nos recuerda por qué somos el país del realismo mágico. La norma nos lleva a pensar que Gustavo Petro es todavía presidente de la República, pero el auto firmado por la presidenta de la Comisión de Acusaciones, miembro del mismo partido de Petro, nos dice lo contrario.
La medida solo nos deja preguntas sin responder. ¿Es Francia Márquez la presidenta de Colombia? ¿Por qué Roy Barreras… perdón… Gloria Arizabaleta tiene interés en suspender a Petro? ¿Si el presidente no es presidente, cuándo podemos esperar su nuevo aporte a la campaña de Cepeda? La verdad es que la medida es tan ridícula que lo más probable es que no tenga ningún tipo de efecto jurídico. Pero es la clara muestra del desespero que hay en un sector del espectro político.



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