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El tigre ruge, pero no muerde

politikanomada
22 sept
3 min de lectura

Abelardo De la Espriella se mostró como un hombre fuerte en campaña, capaz de tomar decisiones difíciles que nadie más estaba dispuesto a tomar. Sin embargo, al llegar la primera de estas decisiones demostró ser todo lo contrario. La Comisión Económica del Congreso aprobó el presupuesto de 634,9 billones de pesos. Este es de lejos el más alto de la historia y está muy distante de la responsabilidad fiscal que prometía Abelardo en campaña.  ¿Por qué es tan alto el presupuesto? ¿Cómo está estructurado? ¿Por qué Abelardo no cumplió su promesa de campaña? 



El presupuesto siempre es un proceso complejo para los gobiernos. Si es demasiado alto, se arriesga la estabilidad fiscal del país; si es demasiado bajo, se pierde popularidad y se debilitan programas sociales. Es un tema en el que los políticos rara vez salen ganando. Independientemente de cómo esté compuesto, siempre habrá sectores que critiquen la distribución. Una de esas situaciones en las que las restricciones de la realidad financiera chocan con las utopías contradictorias de distintos sectores sociales y políticos. Pero más allá de eso, el gobierno de Abelardo se enfrentaba a un reto particular: una deuda gigantesca a tasas exorbitantes heredada del gobierno Petro.


A pesar de esto, Abelardo vendió en campaña un discurso de responsabilidad y estabilidad fiscal. Reconoció el problema y habló de disciplina presupuestal y reducciones del gasto público. Propuestas en esencia incómodas e impopulares, pero necesarias dado el hueco generado por el gobierno anterior. Sin embargo, una vez en el poder, su gobierno se limitó a ponerle nombre al problema. El “presupuesto de la verdad” sí expone la irresponsabilidad del gobierno anterior, pero no hace nada para solucionarla.  


La deuda debe pagarse y en muchos ámbitos es inflexible y de difícil sustitución. Alrededor del 25% del presupuesto estará destinado al servicio de esta, unos 155 billones de pesos. Los gastos de funcionamiento del gobierno y la inversión pública son partidas en las que hay un mayor margen de maniobra. Sin embargo, parece que Abelardo no cumplirá lo prometido y la disciplina presupuestal no se encuentra por ningún lado. El gobierno propuso 392 billones de pesos en gastos de funcionamiento y 87 billones en inversión pública, montos desproporcionados teniendo en cuenta el problema de deuda que nos dejó Gustavo Petro.


Con este presupuesto, el déficit fiscal para 2027 podría llegar al 10% del PIB, según estimaciones del Comité Autónomo de la Regla Fiscal. Esto genera alertas internas y externas. Calificadoras de riesgo, inversionistas, organismos multilaterales y gremios financieros ponen en duda la capacidad de continuar financiando el presupuesto masivo que se presentó. 


Sin embargo, desde el gobierno han intentado dar un parte de tranquilidad, explicando que quieren recortar en 45 billones el presupuesto en una ley de recuperación económica. Esto es un sinsentido digno del realismo mágico. El gobierno que presentó el presupuesto dice que quiere sacar una ley para recortar el presupuesto que acaba de presentar. Si lo que realmente quieren es recortar esos 45 billones, ¿por qué no pasar de una vez un presupuesto de 590 billones en vez de uno de 635 billones?


El gobierno de Abelardo llegó prometiendo que, sin importar el costo político, estaba dispuesto a tomar decisiones responsables. Pero parece que consideraron que el impacto electoral sería demasiado grande y prefirieron continuar con la política de gasto irresponsable de Gustavo Petro. El nuevo gobierno quiere tapar un hueco cavando aún más hondo.


 
 
 

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