La guerra del siglo XXI
Hace cuatro años el ejército ruso inició su invasión de Ucrania y hoy está empezando a perder la guerra. Lo que inicialmente parecía una rápida conquista que tomaría algunas semanas se convirtió en una tortuosa guerra de desgaste. Ambos bandos estaban estancados y cada metro de territorio ganado implicaba gigantescos esfuerzos económicos, militares y humanos. Pero ahora, Ucrania está más cerca que nunca de la victoria y la clave fue entender que las guerras del siglo XXI no se ganan luchando como en el siglo XX.

Durante gran parte de estos cuatro años, el frente fue prácticamente indistinguible de uno de la primera o la segunda guerra mundial. Trincheras en cada posición defensiva, batallones paralizados sin poder romper las líneas enemigas, tanques enterrados en el lodo durante los meses de lluvias y ofensivas previsibles ya que solo se podía avanzar en primavera o verano. Los uniformes modernos, las armas novedosas y la artillería de última generación no eran capaces de cambiar la realidad estratégica ni la lógica militar.
En este escenario, Ucrania sobrevivió gracias a la colosal ayuda estadounidense y europea. Dicha ayuda financió gran parte de su esfuerzo bélico y permitió que Ucrania tuviera armamento y munición adecuada para limitar los avances rusos. Sin embargo, esta realidad está cambiando gracias a la inversión e importancia que el mando militar ucraniano le ha dado al desarrollo tecnológico y a su capacidad de industrialización. De a poco Ucrania se está convirtiendo en un pequeño Silicon Valley de la industria militar.
Al inicio de la invasión, el presidente ucraniano Zelenski grababa videos en las calles de Kiev rogando por ayuda militar. Hoy aparece en producciones vestido de negro, como si fuera el Steve Jobs de la guerra, promocionando la vanguardista tecnología militar ucraniana. El país pasó de depender de los lanzacohetes estadounidenses HIMARS y de la financiación europea para comprar munición a sostenerse gracias a su propia industria de producción y diseño de drones militares. Y aunque es verdad que los rusos también han hecho uso de drones, son los ucranianos quienes han perfeccionado el arte de utilizarlos en la guerra.
El ejército de Ucrania puede ufanarse de que su dron terrestre TW12.7 puede mantener posiciones defensivas durante más de un mes sin necesidad de enviar soldados humanos al frente. Son sus plataformas no tripuladas NRK, junto con enjambres de drones aéreos, quienes han sido capaces de tomar posiciones enemigas. Y para que todo tenga un tinte aún más futurista, hay imágenes de soldados rusos entregándose a drones y siendo escoltados hasta posiciones ucranianas por estos. La meta del mando militar ucraniano es que, en el futuro, gran parte del trabajo de primera línea de combate lo hagan robots.
Sumado a esto, Ucrania ha sido capaz de llevar la guerra a suelo ruso y devastar su principal fuente de ingreso: el petróleo. En el último año, se han llevado a cabo varios ataques con cientos de drones contra las principales refinerías y puertos de exportación rusos. Tras estos, los ucranianos han sido capaces de reducir alrededor de 40% la capacidad de exportación enemiga, creando cuellos de botella en la cadena de producción y generando caídas significativas en los ingresos rusos, incluso teniendo en cuenta la subida del precio internacional del petróleo por el bloqueo del estrecho de Ormuz.
Estamos empezando a ver lo que significa una guerra moderna, fuertemente enfocada en ataques a las cadenas de producción internas y con uso generalizado de drones. El esfuerzo de guerra ucraniano es el punto de partida de la robotización de los conflictos armados. Y aunque la guerra sigue siendo de desgaste y todavía no hay un fin claro, lo cierto es que Rusia continúa su antigua tradición de intentar ganar a punta de constantes oleadas de soldados recién reclutados, mientras que las principales compañías tecnológicas ucranianas están en la vanguardia de la producción de drones, reciben inversiones multimillonarias y analizan la posibilidad de abrir sus primeras fábricas fuera del país. A la guerra todavía le falta mucho para terminar, pero Ucrania está a la vanguardia del desarrollo tecnológico de drones y de a poco se convierte en una pequeña potencia militar.



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