Estrategias de campaña
A menos de dos meses de las elecciones y con una serie de encuestas que dejan más incertidumbres que certezas, todas las campañas prendieron motores y están listas para afrontar la recta final de la carrera presidencial. Es en esta etapa definitiva donde cada candidato se aferra a una estrategia cuidadosamente diseñada y cada decisión forma parte de un cálculo político meticuloso. Analizar estas tácticas electorales nos permite entender el estado de cada campaña, conocer sus fortalezas y, sobre todo, comprender sus principales debilidades. ¿Cuál es la estrategia de cada una de las principales campañas presidenciales? ¿Qué hay detrás de cada decisión? ¿Están funcionando?

Abelardo De La Espriella
En las últimas semanas, la campaña de De La Espriella se ha centrado en dos ejes estratégicos: disfrazarse de moderado y mostrarse como una opción seria para la presidencia. Lo que inicialmente catapultó a De La Espriella a la parte alta de las encuestas fueron justamente sus posturas extremistas y su personalidad histriónica e irreverente. Sin embargo, son estas mismas características las que le han impedido seguir aumentando sus números. Abelardo parece estancado y sabe que los discursos de mano dura y enfrentamiento al petrismo no son suficientes para ganar.
Ahora De La Espriella se presenta como un outsider que no quiere hacer pactos con políticos tradicionales y que su perfil serio y técnico es la respuesta responsable para los problemas del país. Esto incluso teniendo en cuenta que Abelardo le rogó a estos políticos para que se unieran a su campaña y que solo cuando estos lo rechazaron él quiso hacer una campaña diferente. El mensaje es claro: por arte de magia desapareció el candidato caricatura que quería “destripar a la izquierda” y fue reemplazado por una figura rigurosa y moderada. A veces la realidad no se ajusta a la ficción.
Sergio Fajardo y Claudia López
De entrada puede parecer injusto poner a dos candidatos juntos, pero más que un sesgo político, es una practicidad necesaria debido a lo similares que son ambas campañas. Tanto Fajardo como Claudia son de centro, utilizan a Mockus y a la ola verde como bandera y se van a quemar horriblemente en primera vuelta. Si en algo concuerdan las encuestas es que ambos están más cerca del voto en blanco que del tercero en contienda. Y aunque todavía hay un margen importante de votantes indecisos, es ingenuo pensar que milagrosamente todos se unirán a último minuto a alguna de estas campañas.
Más allá de la esperanza que demuestran en sus apariciones en medios de comunicación, y del discurso excesivamente optimista que plantean, es difícil creer que dos políticos con tanta experiencia como ellos todavía consideren creíble la idea de ganar la presidencia. Esto explicaría por qué han retornado a algunos de sus discursos base, Fajardo la educación y Claudia la corrupción, con el fin de no perder a los pocos electores que les quedan. A pesar de los esfuerzos de ambas campañas, la realidad es que el 31 de mayo no estarán rogando por pasar a segunda vuelta, sino por poder superar el umbral de la reposición de votos.
Paloma Valencia
La campaña de Paloma Valencia ha sido la más dinámica después de las elecciones legislativas, en gran medida por su elección vicepresidencial. Y es justo Juan Daniel Oviedo quien representa tanto las posibles ganancias electorales como los problemas políticos de la campaña. Paloma intenta encontrar un difícil punto medio en el que no asuste a sus votantes más de derecha, mientras continúa absorbiendo a los votantes de centro que saben que no tienen opciones viables en Fajardo y Claudia. El gran problema es que esto genera contradicciones ideológicas que tanto Paloma como Oviedo fingen no ver.
El gran éxito que ha tenido la campaña en las últimas semanas puede ser al mismo tiempo su principal dolor de cabeza en lo que resta. Aunque la unión entre distintos le dio un gran impulso inicial, es esta misma unión entre distintos la que dificulta mantener la estrategia de crecer hacia el centro sin perder a la derecha. Los malabares ideológicos en el discurso de campaña dejan a Paloma con la difícil decisión entre mantener votantes de derecha, que de otra forma se irían con Abelardo, o seguir ganando terreno en un centro acéfalo que busca alternativas con posibilidades reales.
Iván Cepeda
Esta es la campaña más peculiar. Cepeda se niega a ir a debates, aparece muy esporádicamente en medios de comunicación y su elección de vicepresidenta no representó ningún intento de alianza política. Es la única campaña que se da el lujo de no interactuar constantemente con los electores y tiene tres motivos para actuar de esta manera. En primer lugar, tienen prácticamente asegurado el pase a segunda vuelta, por lo que pueden relajarse mientras los demás deben hacer la tarea. En segundo lugar, Cepeda es un candidato poco carismático, por lo que tiene sentido esconderlo en vez de mostrarlo. Y finalmente, la razón más importante, el presidente y el gobierno le están haciendo campaña, por lo que él no tiene que preocuparse de nada.
La candidatura de Cepeda se sostiene en el apoyo político del presidente, que está creando un nuevo estándar en el cual los funcionarios públicos no solo participan en política, sino que lo hacen de forma abierta, descarada y agresiva. Esto no sorprende, ya que el movimiento característico de este gobierno es pasarse por alto la institucionalidad de los procesos y reñir con las demás organizaciones públicas. Petro utiliza la presidencia como puesto de campaña y gestiona el presupuesto del Estado para favorecer a Cepeda. El favorecimiento es tan evidente que incluso ha intentado impulsar políticamente a De La Espriella con el tema de las chuzadas, ya que sabe que es el rival que más beneficia a Cepeda en segunda vuelta. Será difícil ver a Iván Cepeda moviéndose proactivamente por su campaña, ya que el presidente está haciendo todo el trabajo por él.



Comentarios