El sensato, el corrupto y el alcahueta
La prudencia económica que mostró Gustavo Petro al inicio de su gobierno y que ayudó a disuadir los temores que muchos teníamos se ha terminado. Desde un punto de vista económico, la llegada de Petro a la Casa de Nariño despertó miedos en varios sectores, en gran medida debido a su perfil político y a varias de sus declaraciones en campaña. Sin embargo, los primeros meses de su administración estuvieron marcados por la cordura y tranquilidad que figuras como José Antonio Ocampo trajeron a la mesa.
Ahora estamos en una situación completamente opuesta. Petro se irá de la presidencia en algunos meses y deja tras de sí un desbarajuste financiero. El incumplimiento de la regla fiscal, los altos niveles de deuda pública y el desbalance presupuestal serán algunos de los principales dolores de cabeza de quien quiera que sea el próximo mandatario. ¿Cómo pasó el gobierno de sensatez a completa irresponsabilidad en tan poco tiempo? ¿Qué papel jugaron cada uno de sus ministros de Hacienda? ¿Cuál es el estado de la economía en este momento?

Tras su victoria en las pasadas elecciones, Petro quiso enviar un mensaje contundente. Él representaba el cambio, pero este se haría de manera sensata, siguiendo un marco técnico robusto y acompañado de personas altamente cualificadas. Más allá de algunos perfiles cuestionables, la primera camada de ministros estaba llena de profesionales y expertos. Muchos de ellos ayudaron a lavarle la cara al gobierno y vender la noción de una administración seria y técnica. Nombres como Cecilia López, Alejandro Gaviria, Catalina Velasco y el ya mencionado José Antonio Ocampo disiparon algunos de los miedos iniciales y le dieron un sello de credibilidad al gobierno.
El ministro sensato (José Antonio Ocampo: 7 agosto 2022 - 1 mayo 2023)
Ocampo es un economista de centro-izquierda, que desde el inicio de su carrera ha estado asociado con la escuela cepalina y ha tenido tendencias económicas marcadamente keynesianas. Al mismo tiempo, cuenta con una extensa hoja de vida en la que siempre destacó por su rigurosidad técnica. Estas dos condiciones encajaban con lo que buscaba el gobierno. Petro necesitaba incluir figuras que tuvieran algún tipo de cercanía ideológica con él, pero que al mismo tiempo fueran capaces de mitigar los miedos iniciales de los mercados. Ocampo fue la apuesta perfecta. Su nombramiento como ministro de Hacienda dio un parte de tranquilidad y calmó los ánimos en los primeros meses de la administración.
Durante su paso por el gobierno, Ocampo jugó el papel de asesor prudente y equilibrado. Ayudó a pasar una reforma tributaria, pero al mismo tiempo defendió la institucionalidad económica de las constantes presiones de la presidencia. Ocampo estaba comprometido con la agenda del gobierno, pero no dudaba en priorizar la estabilidad fiscal por sobre cualquier cosa. El ministro fue claro desde el principio: “Vamos a respetar firmemente la regla fiscal y eso ha hecho que tengamos que racionalizar distintas solicitudes del equipo de gobierno para ajustarnos a la regla fiscal”. Sin embargo, antes de cumplir un año en el cargo, Ocampo salió del ministerio tras la crisis política en la que el presidente solicitó la renuncia de varios de sus ministros.
El ministro corrupto (Ricardo Bonilla: 1 mayo 2023 - 4 diciembre 2024 y Diego Guevara: 4 diciembre 2024 - 18 marzo 2025)
Con la salida de Ocampo llegó Ricardo Bonilla al Ministerio. Mucho más cercano a Petro ideológicamente, Bonilla puede considerarse como un economista de izquierda dura. Sus posturas son radicales comparadas con las de Ocampo y fue durante mucho tiempo el principal ideólogo económico dentro de lo que hoy es el Pacto Histórico. A pesar de esto, Bonilla fue fiel a las instituciones y a los parámetros económicos básicos. Durante su estadía en el Ministerio, aconsejó al presidente no decretar emergencia económica y recalcó en repetidas ocasiones la importancia de cumplir la regla fiscal.
Bonilla estuvo en el Ministerio poco más de año y medio, pero tuvo que renunciar ya que estuvo implicado en el escándalo de corrupción de la Unidad Nacional de Gestión de Riesgos de Desastres (UNGRD). Al parecer Bonilla habría comprado congresistas de la Comisión de Crédito Público para que impulsaran las reformas del gobierno con dineros destinados a la UNGRD. En este panorama se nombró provisionalmente a Diego Guevara, quien estuvo solo tres meses y tuvo un rol de ministro interino mientras el gobierno tomaba la decisión definitiva sobre el rumbo del ministerio. Finalmente, Petro se decantó por el ex integrante del M-19, Germán Ávila.
El ministro alcahueta (Germán Ávila: 20 marzo 2025 - actualidad)
A diferencia de Ocampo y Bonilla, Germán Ávila ha sido incapaz de decirle no al presidente. Desde su llegada, el gobierno ha entrado en un ciclo de irresponsabilidad fiscal que ha ido empeorando con el tiempo y que se retroalimenta a sí mismo. A solo tres meses de su nombramiento, el gobierno incumplió la regla fiscal y nos dio a entender que el respeto por los parámetros técnicos y por las instituciones económicas se había terminado. Tras esto, y debido a la necesidad patológica del gobierno de gastar dinero que no tiene, inició una serie de endeudamientos a tasas exorbitantes y una seguidilla de decretos de emergencia económica que no tenían justificación alguna.
Con Ávila, Gustavo Petro se convirtió en el presidente colombiano con más ministros de hacienda de los últimos 60 años. Inició con Ocampo, un académico respetado y reconocido mundialmente, y terminó con Ávila, una figura decorativa que solo está para decirle que sí. Esta evolución confirma la creencia que Petro no es capaz de trabajar con alguien que intente limitar sus disparates. Ahora el Estado se enfrenta a un desequilibrio fiscal creado por la imprudencia del presidente y la alcahuetería de su nuevo ministro de Hacienda. Sin importar quién sea el nuevo presidente, tendrá un problema mayúsculo entre sus manos. Petro le ha dejado a su sucesor una bomba de tiempo que está a punto de estallar.



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