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El nacimiento de un nuevo océano

politikanomada
17 ene
5 min de lectura

No habían pasado ni dos semanas desde la captura de Maduro cuando Donald Trump anunció su intención de quedarse con Groenlandia. La idea no es nueva. El presidente estadounidense ya había insinuado hacerse con la isla en 2019 y en 2025. La gran diferencia es que ahora las palabras de Trump son más combativas y venimos de una clara demostración de poder e indiferencia por las normas internacionales con lo ocurrido en Venezuela. ¿Por qué quiere Trump quedarse con Groenlandia? ¿Cuál es la situación actual de la isla? ¿Es viable que Trump logre su objetivo?



“Me encantaría hacer un acuerdo, por las buenas, pero si no lo hacemos por las buenas lo haremos por las malas”, fue el comentario del presidente estadounidense cuando se refirió a su intención de quedarse con Groenlandia. ¿Por qué es tan importante una isla congelada con menos de 60 mil habitantes? La respuesta tradicional sería los recursos. Groenlandia cuenta con grandes reservas petroleras y extensos yacimientos de tierras raras. Pero su relevancia va mucho más allá de esto. La verdadera importancia de la isla es su posición estratégica en el Ártico.


Quien ha dominado los mares ha dominado el mundo y hoy en día no es la excepción. No solo para fines militares, sino también comerciales, el control marítimo ha sido una prioridad para todas las potencias a través de la historia. Desde el control del Mediterráneo por el Imperio Romano, pasando por la imponente Marina Real Británica en la época victoriana, hasta el dominio absoluto de los mares con los portaaviones estadounidenses. El control del océano es la clave para controlar el planeta. Y ahora, con el calentamiento global y el constante avance tecnológico, un nuevo y gigantesco océano está naciendo.


Lo que era un territorio desolado y prácticamente impenetrable puede convertirse en pocas décadas en la nueva frontera de la humanidad. Con el constante derretimiento del hielo ártico y las nuevas tecnologías de los barcos rompehielo, la navegación rápida, segura y barata por el Polo Norte ya no será una trama de ciencia ficción. Hoy un portacontenedores que sale del puerto de Rotterdam, el más grande de Europa, con destino a Shanghái, puede tardar entre 40 y 50 días. Con la nueva ruta ártica el tiempo estimado sería entre 15 y 20 días. Como con el Canal de Panamá y el Canal del Suez, quien controle el Ártico controlará gran parte del comercio mundial. De ahí la importancia geoestratégica de Groenlandia.


Estados Unidos es consciente de esto, pero también lo son Rusia y China. “Si no tomamos Groenlandia, China o Rusia lo harán y no voy a permitir que eso pase”, fueron las palabras de Trump. Aunque alarmistas, ya que al formar parte de Dinamarca la isla está protegida por la OTAN, no son del todo falsas. En los últimos años China ha incrementado su influencia en la isla, intentando cerrar contratos minero-energéticos y ofreciendo financiar megaproyectos. Por ahora nada se ha materializado, ya que Estados Unidos financió los proyectos directamente o presionó a Dinamarca para detener las negociaciones con China. Sin embargo, la delicada relación Groenlandia-Dinamarca hace que el futuro sea incierto.


Actualmente la isla es un territorio autónomo de Dinamarca. Cuenta con un alto grado de autogobierno e incluso tiene derecho a la secesión si así lo quisiera. Aunque el independentismo groenlandés es muy popular, sobrepasando el 50% en todas las encuestas, los subsidios de aproximadamente 600 millones de dólares anuales que Dinamarca envía a la isla son una realidad aplastante que mantiene el statu quo. Los extensos recursos naturales con los que cuenta la isla no generan ninguna diferencia, ya que el gobierno local se niega a explotarlos. Esto implica que los 600 millones que llegan de Dinamarca son alrededor del 50% del presupuesto del gobierno groenlandés y equivalen al 20% de su PIB total. Esta frágil relación de abstenerse de la secesión mientras se mantengan los subsidios es el terreno de juego y hay tres posibilidades con las que Trump puede quedarse con Groenlandia. 


La primera y la menos probable es la intervención militar. Trump se caracteriza por sus acciones impulsivas e inesperadas, pero invadir un país aliado que está dentro de la OTAN haría que la alianza militar más grande de la historia se desintegrara. En ese escenario, Estados Unidos perdería a sus principales aliados estratégicos y todas sus tropas instaladas en suelo europeo tendrían que regresar a América. El vacío de poder tras el fracaso de la OTAN sería un precio muy alto que pagar por el control de la isla. Los comentarios agresivos de Trump parecen más un instrumento de presión que una amenaza real.


La segunda opción es la compra. Aunque complicada, es más viable que la intervención militar. Los antecedentes son el principal argumento de este escenario. La mayoría de la expansión americana en el siglo XIX fue a través de este mecanismo. Desde la compra de Louisiana a Francia en 1803 hasta la compra de Alaska al Imperio Ruso en 1867, Estados Unidos siempre ha mostrado un interés expansionista apoyado en este tipo de figuras jurídicas. El mismo Donald Trump ha fijado un posible precio de compra: 700 mil millones de dólares. Sin embargo, este tipo de transacción se siente anacrónica y no es probable que Dinamarca esté dispuesto a aceptar un acuerdo de este estilo.


Finalmente, la tercera opción es la independencia. Un fuerte respaldo económico por parte de Estados Unidos podría desencadenar en que Groenlandia decida hacer efectivo su derecho de secesión. En este escenario, el objetivo del gobierno Trump sería patrocinar la independencia con el fin de lograr una posible anexión de Groenlandia como el Estado número 51 de la Unión Americana. Algo que ya sucedió con Texas tras su independencia de México. Sin embargo, las repercusiones de esta opción son inciertas. 


La independencia groenlandesa es la ruta más viable que tiene la administración Trump, pero esta no asegura una anexión futura. Aunque la independencia es popular entre los groenlandeses, las últimas encuestas muestran que cerca del 85% preferiría quedarse en Dinamarca que hacer parte de Estados Unidos. Esto sin contar que una Groenlandia independiente abre la posibilidad de una intervención china y rusa más directa en la isla.


Trump sorprendió al mundo capturando a Nicolás Maduro. Demostró que en ocasiones es capaz de actuar y no solo hablar. Sin embargo, la situación de Groenlandia no es la misma de Venezuela. Trump no tiene la excusa legítima del dictador narcotraficante que si tenía con Maduro y por más que quiera mostrarse como el bravucón del barrio no puede atacar a un país aliado. Podrá negociar todo lo que quiera, pero si Dinamarca y Groenlandia se niegan, se quedará con las manos vacías. Es probable que mediante esto logre incrementar los permisos militares que ya tiene sobre la isla e incluso que le otorguen a alguna empresa estadounidense los contratos de explotación de algún recurso. Pero estamos muy lejos de ver que cosan una nueva estrella en la bandera estadounidense.

 
 
 

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