El gobierno del cambio
Hace unos años Gustavo Petro estaba indignado con el posible gasto de 14 billones de pesos en aviones de guerra, hoy acaba de comprar 17 aviones por 16,5 billones. El pasado 14 de noviembre el Ministro de Defensa, Pedro Sánchez, anunció la compra de 15 aviones suecos Gripen E y 2 aviones Gripen F, con el objetivo de reemplazar la flotilla de cazas Kfir israelíes con la que contaba el país. Sin embargo, aunque el presidente y el ministro intentan vender esta adquisición como parte de una necesaria estrategia de modernización militar, no pueden eclipsar lo que el mismo Petro pensaba sobre la compra en el gobierno pasado, ni las varias denuncias por irregularidades en el proceso de negociación de los aviones. ¿En qué consiste la contradicción del presidente? ¿Qué irregularidades hay en el proceso?

Esta situación es solo la última en una larga lista de paralelismos entre el gobierno Petro y su antecesor, pero la reacción de sus seguidores ha sido diametralmente opuesta. Cuando Duque impulsó su reforma tributaria, Petro y sus seguidores se opusieron airadamente y promovieron el estallido social del 2021. Sin embargo, cuando Petro propuso una reforma aún más gravosa y con varios apartados regresivos sus seguidores mantuvieron un silencio atronador. Cuando el gobierno Duque bombardeó guerrilleros y asesinó niños reclutados se exigieron renuncias y se denunció por infracciones contra el Derecho Internacional Humanitario. Cuando el gobierno Petro hizo exactamente lo mismo, se intentó justificar lo sucedido diciendo que los niños eran “combatientes ilegales”. Ahora el turno es de los aviones. A Duque se le llamó irresponsable, a Petro puede que lo convierta en un gran estratega militar. ¿Quién quita que pronto necesitemos los cazas para defender a nuestro amigo Nicolás Maduro?
La contradicción es muy evidente para pasar desapercibida, pero algunos seguidores del presidente todavía prefieren ignorarla. Durante la administración de Iván Duque y tras conocerse la intención de compra de aviones militares por 14 billones de pesos, Petro y sus compañeros de partido tuvieron reacciones coléricas en su contra. El senador Gustavo Bolívar dijo que el gasto sería un exabrupto para un país pobre como Colombia y resaltó que los niños mueren de hambre y desnutrición mientras la guerra es un negocio. Gustavo Petro tildó la compra de irresponsabilidad y exigió que el dinero se destinara a construir universidades y colegios. Parece que el gobierno del cambio cree que Colombia salió de la pobreza, que ya no necesita construir más colegios ni universidades y que los niños de la Guajira ya no mueren de hambre. Posiblemente como no son niños de Gaza, el gobierno no los tiene en cuenta. ¿Ahora sí podemos gastar en frivolidades? ¿Ya por fin podemos usar el presupuesto para aviones de guerra? Lo que para el presidente era un acto sin sentido y caprichoso, hoy es un gasto justificado.
Al enredo político por la discrepancia entre las palabras y las acciones del presidente se suman varias denuncias contra el proceso de adquisición de los aviones. La principal implicada en dichas denuncias es la primera dama, Verónica Alcocer (o ex primera dama, ya que el mismo Petro dijo que llevan años separados tras ser incluidos en la lista Clinton). Alcocer ha sido señalada de un posible caso de soborno y corrupción en la compra de los aviones. Los lujos con los que vive en Europa, sin una aparente fuente de ingresos, y su coincidencial estancia en Suecia durante la negociación del contrato con la empresa Saab prendieron las alarmas. Las sospechas contra Alcocer llegaron tan lejos que el exsecretario de transparencia, Camilo Enciso, envió una solicitud formal a la Fiscalía Anticorrupción de Suecia para que investigue los hechos. Por su parte, el profesor Juan Carlos Portilla, experto anticrimen financiero transnacional, presentó una denuncia ante el Departamento de Justicia de los Estados Unidos por el mismo hecho. Petro no podía dejarse ganar por Duque. Este no solo compró los aviones, sino que lo hizo por un monto mayor y con un posible caso de corrupción de su ex esposa incluido.
Es impresionante la flexibilidad y la capacidad de cambio del presidente. ¿Estaría el Petro senador protestando hoy contra el Petro presidente? Pero aún más sorprendente es la ceguera selectiva de sus seguidores. ¡Qué difícil debe ser apoyar al presidente! Hacer contorsiones mentales cada semana para justificar sus múltiples errores debe cansar demasiado. Nos queda claro solo una cosa y es que el gobierno del cambio lo único que cambió fue su opinión a conveniencia.



Muy buen artículo, una vergüenza para el progresismo.