Carta del oficialismo a su electorado
Escribo esta carta a todos mis compañeros. Lo hago porque estamos cerca de conseguir una nueva victoria, una que nos permitirá lograr todos los cambios que no pudimos hacer estos primeros cuatro años. El país que soñó nuestro presidente está a la vuelta de la esquina, lo presiento, y sé que nuestro candidato tiene lo necesario para materializarlo.

Pero les escribo con un afán imperioso de actuar para no perder la oportunidad. No podemos dormirnos en los laureles, todavía hay una campaña que ganar. Pronto llegará el momento de la nueva constituyente, que tanto anhelamos con la mente y tanto negamos con la boca. Ya tendremos tiempo de regocijarnos cuando la junta de esclavistas del Banco Central pierda su independencia ante el inevitable peso del poder constituyente. Ya casi no habrá que preocuparse por respetar a las mafiosas cortes o a las bestias congresistas. Ya llegará la hora del segundo mandato del presidente, pero ahora hay que trabajar.
Sin embargo, el trabajo que tenemos por delante no es tan complicado como parece. La verdad es que la oposición nos facilita la tarea. Hay que dejar que se maten entre ellos. De esta forma nuestro candidato llegará limpio a segunda vuelta, sin rasguños y sin siquiera la necesidad de debatir o de dar entrevistas en los corruptos medios dirigidos por muñecas de la mafia. Dejemos que se maten, fomentemos que peleen, celebremos que discutan. Pero eso sí, sigamos apostando a nuestra ficha secreta, a nuestro caballo de Troya, a nuestro idiota útil.
¡Qué fácil es cuando el contrincante es ciego por voluntad propia! Continuemos incentivando el apoyo al recreacionista, como ya lo hizo nuestro presidente con sus falsos ataques. Apoyemos al que seduce votos ingenuos imitando a Bukele, sin tener la menor idea de que nuestro país y El Salvador son mundos completamente diferentes. Dejémoslos gritar por el gatito de papel, pero finjamos rabia para que sigan apoyándolo.
Debemos agradecer que son incapaces de ver más allá de lo que quieren ver. Quieren a alguien autoritario, están sedientos de venganza, quieren al presidente preso. Pero lo único que obtendrán será cuatro años más de vivir sabroso. Conoce a tu enemigo, decía Sun Tzu, pero parece que no hicieron la tarea. Nuestro miedo debe mantenerse en secreto. Dejémoslos creer que tememos más al gatito que a la pajarraca y al vampiro con lentejuelas.
¡Qué afortunados somos que nuestros contrincantes se mantienen en su burbuja! Escuchan a los suyos, comparten solo entre sí y caminan rectos como caballitos con viseras para no asustarse ni distraerse con su visión periférica. Me alegra darme cuenta que se creen el cuento. Al principio me parecía imposible, pero voluntariamente ignoran el peligro, desatienden las alertas y descartan la verdad.
¡Pero cuidado, compañeros! No es que el gatito de papel no pueda vencernos. La batalla es reñida. Pero es el contendor más fácil de vencer, el que menos aglutina a la oposición, el que más susto genera entre los moderados. Por eso debemos seguir incentivando su apoyo. Prefiero mil veces enfrentarme al gatito que a cualquier otro candidato en el balotaje.
¡Compañeros, pongamos de nuestra parte! ¡Incentivemos el apoyo al tigrillo de Troya!



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